junio 8, 2020

Acceso al agua en tiempos de Covid-19

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El acceso al agua segura, ya sea urbana o potable rural, es primordial para el consumo y la realización de actividades económicas.

Estas dependen de la disponibilidad continua de agua limpia entregada principalmente por los ríos,  en nuestro caso el río Biobío. A pesar de que la capacidad de satisfacer la creciente demanda de agua varía localmente, las últimas estimaciones indican que la demanda de agua urbana aumentará hasta un 80% para 2050.

Los factores críticos en la región son el nivel de acceso al agua dependiendo de si es urbano o rural, el tipo de tratamiento al agua potable (no es el mismo si es urbano o rural), y los impactos de la prolongada sequía que nos afecta por más de 12 años, con sostenida tendencia. Aunado a esto, la alta cobertura de uso de suelo forestal de la región ha reemplazado al bosque nativo y modificado usos como el agrícola, y las externalidades como los incendios forestales.

A esto, si el problema del agua ya es crítico, probablemente se agrega una nueva variable, que es producto del confinamiento global provocado por la pandemia del Covid-19: los potenciales impactos de esta pandemia actual en la demanda y calidad del agua.

 

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Las imágenes que han dado vuelta al mundo, de la aparente y rápida recuperación ambiental debido al confinamiento por la pandemia actual, han reportado disminuciones de gases como dióxido de nitrógeno en la calidad del aire de países muy contaminantes, como China, India y Estados Unidos. Otro ejemplo es el de Venecia-Italia, donde el agua de los canales se ve más clara, aunque no significa que necesariamente este más limpia. Es probable que el menor tráfico de embarcaciones haya provocado una disminución de la resuspensión de los sedimentos en la columna de agua.

Estos ejemplos nos muestran que la naturaleza es altamente dinámica, y que interactúa entre las distintas fases ambientales (atmósfera, hidrósfera, biósfera y litósfera). En nuestro caso, a medida que se disponga de datos sobre la calidad del agua durante o después de la pandemia, probablemente podremos observar ejemplos de calidad del agua superficial mejorada, aunque fuese temporal.

Sin embargo, desde ya sabemos que la demanda de agua producto de la pandemia ha aumentado a nivel nacional, y que hay más de 350 mil personas sin agua potable, con agua suministrada por camiones aljibe, donde la calidad de agua no es profundamente controlada. Por su parte, en la región del Biobío parte del secano costero y todo el secano interior ya presentaban severos problemas de escasez de agua en diversas comunidades antes de la pandemia.  En zonas del secano existe la presencia de ríos o esteros, pero muchas veces tampoco pueden ser usadas por las comunidades porque mayoritariamente esta agua ya tiene dueño.

 

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Ante estos escenarios de mayor demanda de agua es imperante, una vez que se replantee la economía, revisar cómo los ríos, esteros y zonas inundables son utilizados por las actividades económicas, agricultura, forestal, minería etc., y la prioridad que se les da para consumo humano.

Para que esto ocurra, el desafío actual es que los sectores económicos y las industrias que contribuyen a la contaminación, y que tienen un uso garantizado del agua respaldado por el Código de Aguas,  aumenten su compromiso social y se legitime la provisión de agua en distintas áreas, para garantizar la cantidad y calidad del elemento.

En este momento son casi nulos los aspectos positivos que se puedan sacar de la actual emergencia de salud pública ante el Covid-19, pero podríamos realzar el enfoque inclusivo sin distinción, que tienen todas las personas como individuos y las comunidades al derecho del buen vivir, y en particular a la cantidad y calidad del agua, como lo manifiestan nuestros pueblos ancestrales.

Para ello, es esencial cambiar la institucionalidad del agua para que las comunidades urbana y/o rural, que cada vez se hacen más vulnerables y conocen su realidad local, sean consideradas como un pilar fundamental en la toma de decisiones del manejo del agua de su territorio. Esto debe ser un esfuerzo consensuado entre la sociedad civil y los tomadores de decisiones,  para trabajar hacia la sostenibilidad del recurso agua en el tiempo, ante mayores demandas de agua presentes y futuras.

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