mayo 30, 2020

Columna: Generación de energía, represas y biodiversidad ¿se necesita un nuevo paradigma?

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La conservación de la biodiversidad se ha instalado como un objetivo de interés nacional. Sin embargo, la experiencia nos indica que desde la institucionalidad ambiental se han utilizado instrumentos que en su aplicación práctica -a través del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA)- han resultado ser poco efectivos en la protección de nuestro patrimonio natural.

Ello, sin la existencia de instrumentos de planificación robustos, como por ejemplo la Gestión Integrada de Cuencas Hidrográficas, está llevando a colapsos ambientales y ecológicos inaceptables.

Expondré aquí solo el caso de nuestra fauna de peces nativos de la zona alta del río Biobío, conjunto de especies que es considerado de alto valor de conservación por su endemismo y primitivismo. El “Alto Biobío” alberga ya tres grandes centrales hidroeléctricas, desde aguas arriba hacia abajo: Ralco (2004), Pangue (1996) y Angostura (2014). Pangue presentó un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) antes que se creara el SEIA. Por su parte, las más nuevas, Ralco y Angostura, se construyeron aprobando cada una su respectivo EIA.

Todos ellos consideraron que el área de influencia de cada represa sobre el ecosistema fluvial (el río y su biota), abarcaba sólo desde un tramo ubicado aguas arriba de la cola de su embalse, hasta solamente un tramo ubicado aguas abajo del muro o presa, donde se restituye el agua al río.

 

Río Bio Bío

 

Nada se consideró en estos estudios sobre el enorme efecto que provocan las fluctuaciones diarias de caudal, que se generan en el río aguas abajo del muro, debido a la operación con horarios de punta producto de la demanda de energía del Sistema Interconectado Central.

Tales fluctuaciones y su enorme efecto sobre los peces, han sido medidas por nuestro grupo de investigación hasta 100 km aguas abajo del muro de Pangue (previo a la existencia de Angostura). Muy poco se consideró respecto del efecto de fragmentación del ecosistema fluvial, que provoca la presencia de tres grandes muros y embalses dispuestos de manera consecutiva en el río.

Mucho menos se consideró que cuando se construyó Ralco, ya existía Pangue, o que cuando se construyó Angostura, ya existían Ralco y Pangue, y que por lo tanto, los impactos podrían ser acumulativos y sinérgicos en el ecosistema fluvial.

Actualmente sabemos que la presencia de estas tres centrales, ha provocado la disminución y fragmentación de poblaciones de especies de bagres nativos clasificados “En peligro”. Asimismo, uno de nuestros últimos estudios demuestra que la especie endémica de la cuenca del río Biobío, la Carmelita de Concepción (Percilia irwini), ha sido extirpada del tramo entre Ralco y Pangue, y que su abundancia se está reduciendo rápidamente en la zona entre Pangue y Angostura.

Si bien todo esto es preocupante, más lo es aún corroborar que se ha aprobado una central hidroeléctrica directamente aguas abajo de Angostura (central Rucalhue, la cuarta en el Biobío), y que se encuentra en evaluación una nueva central en el río Huequecura.

Una vez más, constatamos, que cada una de estas centrales, considera que no afecta más allá de su área muy directa de influencia. La central Rucalhue inundará el Cañon del río Quilme, el cual no sólo es un paisaje extraordinario, sino que además, es uno de los tributarios que alberga a los pocos individuos que van quedando de estos peces nativos.

Más aún, la central de pasada del río Huequecura pretende extraer agua en la porción de este río, que aún mantiene algunos de los pocos fragmentos poblacionales de estas especies. En otras palabras, la ejecución de las centrales Rucalhue y Huequecura, le ponen una lápida al menos a tres especies nativas “En peligro” en la parte alta del Biobío.

Nuevamente cada Estudio de Impacto Ambiental -tanto de Rucalhue como de Huequecura- analizan los impactos en su entorno muy directo, sin considerar el todo. Es decir el ecosistema fluvial completo.

Ambas centrales no vienen a instalarse a sistemas no intervenidos, sino que lo harán sobre los últimos remanentes de poblaciones valiosas de peces nativos. Aun así, por ejemplo, la única medida de manejo que ofrece Huequecura es mantener “un caudal ambiental variable mes a mes entre 0,8 m3/s a 2,6 m3/s”.

Sin embargo, mantener un caudal ambiental es lo mínimo que se puede esperar de un proyecto de central hidroeléctrica de pasada que pretenda ser sostenible. Es un piso mínimo, no una medida apropiada de mitigación.

Llamamos entonces de manera urgente a las autoridades ambientales y a los proponentes de estos proyectos, a tener una mirada ecosistémica de nuestro territorio y de nuestros ríos. También, a exigir planes de seguimiento junto a planes de manejo asociativos y coordinados entre estas centrales, evitando mirarlas a cada una como una isla.

De otra manera, los análisis caso a caso a través del SEIA, nos estarán llevando directo a la extinción de especies.

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