enero 2, 2020

Las tareas que nos dejó la COP25

noticia

Dr. Ricardo Barra Ríos.
Académico Facultad de Ciencias Ambientales
Investigador Centro Eula
Universidad de Concepción

 

Ya culminada la improvisada sesión madrileña de lo que sería “nuestra” COP25, lo que ahora toca es considerar en qué pie quedan las temáticas urgentes que han sido levantadas con mayor fuerza, en razón precisamente del estallido social que generó su suspensión.

Una decisión que, acertada o no, hace que Chile pierda una oportunidad enorme de ubicarse en el centro de la atención global medioambiental, al sumarse a los países que lideran las acciones ante la crisis climática.

Sin embargo, y con el evento ahora suspendido, la tarea de quienes levantamos las temáticas ambientales y alertamos sobre la urgencia de ellas, es seguir promoviéndolas con más fuerza incluso. Esto, para que en el contexto de crisis social que el país vive, ellas estén claramente incorporadas a las demandas ciudadanas que hoy llenan las calles.

 

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Porque, al igual que con el resto de las demandas que hoy se levantan, la solución de las problemáticas ambientales no será posible sin un diálogo entre la política y la sociedad, donde el aporte de la ciencia también sea relevante y la voz de los movimientos sociales pueda ser finalmente escuchada.

No se puede despreciar el hecho que dentro de las reivindicaciones expuestas, aparecen con fuerza lemas como “No + zonas de sacrificio” o “Es saqueo, no sequía”, las que desnudan la realidad de desigualdad con que el país y sus jóvenes protestan durante estos días. Las voces de hoy demandan que la riqueza que genera la actividad productiva en las regiones, pueda también beneficiar a los territorios locales, y no solamente dejar un pasivo de contaminación y pobreza.

Chile es hoy un país cinco veces mas rico que en 1990, que también redujo la pobreza a niveles nunca vistos en la historia del país. Un avance que en las cifras parece muy significativo, pero que es atravesado por la enorme desigualdad que presenta el país en su desarrollo, que a la vez ha demostrado que en ese camino olvidó generar un cuidado real por el medio ambiente.

 

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El precepto constitucional del Estado subsidiario ha tenido enormes consecuencias, en particular en la temática ambiental, dejando una institucionalidad que aún es débil y con muy poco poder fiscalizador, como lo ha señalado en un par de oportunidades la OCDE en sus informes sobre Chile.

Porque no podremos alcanzar mayores niveles de desarrollo sin mejorar la inversión del Estado en investigación, además de exigir la solución a las problemáticas ambientales, esta crisis social debe también saber exigir un mayor apoyo a las iniciativas de investigación que se levantan fuera de Santiago. Esto último, otro signo de la enorme desigualdad que enfrenta el país.

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