octubre 11, 2018

Residuos domiciliarios: una oportunidad para la economía circular (Columna del decano de la Facultad de Cs. Ambientales, Dr. Ricardo Barra)

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Cuando los países logran aumentar sostenidamente los ingresos de sus habitantes, como ha sucedido en Chile durante las últimas tres décadas, la cantidad de basura que genera cada habitante es también cada vez mayor.

Para inicios de la década de los 90, época en que el Centro EULA comenzó sus actividades, cada ciudadano de la Región del Biobío eliminaba 0,6 kilos de basura por día. En cambio, esa cantidad alcanza hoy diariamente los 1,2 kilos por cada persona.

Entonces la tendencia, si continuamos incrementando nuestros ingresos, apunta a que seguiremos generando todavía más basura por habitante.

En ese contexto, actualmente más de la mitad de los residuos que botamos corresponde a material orgánico que se biodegrada. Si se pudiera eliminar esta fracción de la basura domiciliaria a través del compostaje, básicamente transformándola en compost rico en nutrientes que puede servir como un excelente mejorador de suelos, reciclaríamos más de la mitad de lo que hoy va a los rellenos sanitarios y vertederos de basura.

Esto significaría un ahorro significativo de recursos, y enormes beneficios ambientales que podrían orientarse a otras necesidades.

Por otro lado, si separamos la basura en origen y mejoráramos la recolección por tipo de desecho, facilitaríamos también el trabajo de los recicladores de base, que son un componente fundamental en la gestión de los residuos urbanos domiciliarios. Un ámbito en donde la nueva Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (Ley REP) representa un avance significativo en el manejo de residuos urbanos domiciliarios en Chile.

En esta línea, promover la reducción en la generación de residuos, pero también el reúso de la fracción degradable de la basura domiciliaria, será fundamental. Para ello, la capacitación es muy relevante y varios municipios han iniciado interesantes innovaciones para promover estas prácticas en los ciudadanos. En particular para quienes viven en casas y tienen patios donde implementar estas sencillas prácticas.

Sin embargo, para el éxito de esta práctica también se deben establecer incentivos. Entre estas motivaciones podrían estar la rebaja de impuestos territoriales, y la reducción en los pagos de permisos de circulación para aquellos ciudadanos que se comprometan con estas prácticas sostenibles. De manera que al menos esa fracción de la basura, pueda ser considerada un recurso, que es el corazón de la denominada economía circular.

En paralelo, hoy también es clave mejorar nuestros patrones de consumo, haciéndolos cada vez más sostenibles. En eso, por ejemplo, como consumidores debiéramos exigir a la industria del retail un compromiso más decidido con la reducción de los residuos en los empaques y embalajes.

Se trata de desafíos múltiples, pero que a la vez son también todos bastante alcanzables. Con medidas relativamente simples cuando hay liderazgos, incentivos, y sobre todo un interés real por parte de los gobiernos locales.

Un compromiso que para lograr el éxito de este desafío, deberá antes nacer especialmente entre nosotros, los ciudadanos.

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