junio 15, 2020

Vulnerabilidades y Covid-19: ¿un nuevo desafío?

noticia
Dra. Patricia González / Dr. Octavio Rojas.
Académicos Fac. Cs. Ambientales.
Investigadores Centro Eula.
Universidad de Concepción

 

La utilización del concepto de vulnerabilidad data desde 1845, cuando el filósofo alemán Friedrich Engels escribió sobre la situación de la clase obrera de Inglaterra, exponiendo en su obra determinadas características de las condiciones de trabajo, como la ausencia de reglamentación, problemas de ventilación y limpieza de las fábricas, que aumentaban la vulnerabilidad a las epidemias, así como enfermedades accidentales.

Hoy comprendemos que las vulnerabilidades frente a una pandemia son sistémicas y multidimensionales, donde junto a los temas asociados directamente a la salud, convergen diversos aspectos de origen social, económico, ambiental, cultural, entre otros.

 

Vulnerabilidad 3

 

En las últimas semanas, los informes del Ministerio de Salud (Minsal) han mostrado diferencias significativas en la tasa de crecimiento y el número de casos confirmados de Covid-19, entre comunas que presentan diferentes condiciones socio-económicas. A modo de ejemplo, en el último Reporte Epidemiológico del Minsal, comunas como Independencia y Recoleta reportan cerca de 1.400 infectados por cada 100 mil habitantes, mientras Providencia y Las Condes presentan menos de 600 por cada 100 mil habitantes. Las cifras dispares evidencian profundas condiciones de segregación, reflejo de una alta densidad poblacional, hacinamiento, elevada pobreza, empleos informales, desempleo y baja distribución de áreas verdes que se constata en las comunas más vulnerables.

Esta mayor vulnerabilidad socio-económica va acompañada de elementos de vulnerabilidad educativa, atribuible al bajo nivel y calidad de la educación y a una pobre percepción del riesgo sanitario por parte de la población más desfavorecida. No en vano Chile se sitúa en el segundo lugar entre los países en que menos se respeta el lavado de manos y el distanciamiento social, según una encuesta internacional llevada a cabo por la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER) de Estados Unidos.

 

Vulnerabilidad 2

 

Adicionalmente, existe una dimensión de vulnerabilidad directamente relacionada con los determinantes de la salud, considerando factores epidemiológicos (morbilidad y distribución etaria de la población), de transmisión (densidad poblacional, viviendas, movilidad, condiciones sanitarias), sistema de salud (disponibilidad de atención primaria y cuidados intensivos) y medidas de control y protección (cuarentena, distanciamiento social, teletrabajo, educación a distancia).

Todos estos temas están altamente interrelacionados y deben ser tomados en consideración a la hora de diseñar estrategias para combatir de manera efectiva la pandemia. Más aún, es fundamental contar con información confiable acerca de las comunidades y territorios a intervenir, que permita comprender sus características sociales, económicas, ambientales, culturales, de salud e infraestructura.

Un estudio recientemente publicado por el Instituto de Sistemas Complejos de Ingeniería de la Universidad de Chile, concluyó que la movilidad bajó casi un 50% en las comunas de mayores ingresos como Vitacura y las Condes, como resultado de la cuarentena, mientras que en Puente Alto o El Bosque la reducción fue inferior a 25%.

En la actualidad, se estima que el número de trabajadores informales que laboran sin contrato es del orden de 3 millones de personas, sin incluir a quienes trabajan esporádicamente por cuenta propia. Bajo condiciones de crisis sanitaria, será difícil que esas personas opten por privilegiar su seguridad física ante la necesidad de obtener un ingreso vital para su familia.

De acuerdo a experiencias internacionales acumuladas en diferentes crisis humanitarias y de salud ocurridas en décadas recientes, las decisiones locales han demostrado ser mucho más efectivas que aquellas medidas que se toman de manera centralizada, principalmente debido a que se basan en un mayor conocimiento de la realidad sobre la cual deben actuar. Por desgracia, en nuestro país existe una cultura de centralismo fuertemente arraigada, tanto en el ámbito público como privado. Ello representa una seria desventaja ya que atenta contra una activa participación de las organizaciones de base en el diseño y validación de las estrategias de control y protección. Las oscilantes decisiones de las autoridades del gobierno central y la inefectividad de las medidas implementadas son una clara demostración del divorcio existente entre los procesos de toma de decisiones radicados a nivel ministerial y las comunidades afectadas por dichas decisiones.

En efecto, el marco de acción de SENDAI para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, suscrito por el Estado de Chile, establece como uno de sus principios la necesidad de brindar mayor autonomía a las autoridades y comunidades locales para reducir el riesgo de desastres. Las organizaciones municipales, asociaciones comunitarias y líderes locales están en mejores condiciones de diseñar, organizar e implementar acciones colaborativas entre los diferentes actores relevantes, para asegurar el suministro de servicios básicos, incluyendo alimentos, agua potable, medicinas, atención médica y apoyo psicológico, y fomentar conductas sociales e individuales que contribuyan a un efectivo combate a la epidemia.

Finalmente, es evidente que Chile ha mejorado sus indicadores socio-económicos desde 1990, pero al interior de las diversas regiones, comunas y ciudades se observan profundas inequidades socio-territoriales. Entonces a mediano plazo, uno de los grandes desafíos que tenemos que enfrentar como país será reducir drásticamente las diferencias socio-económicas, educacionales, de salud, lo cual permitirá disminuir nuestra vulnerabilidad y aumentar la resiliencia frente a futuras pandemias que, sin lugar a dudas, se volverán a repetir.

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